martes, 12 de junio de 2018

UNA FOTOGRAFÍA Y SU HISTORIA


LA HISTORIA DEL MONJE BUDISTA QUE EN 1963 NO MOSTRÓ SEÑAS DE DOLOR AL QUEMARSE A LO BONZO

Dentro de la larga lista de imágenes que marcaron el desarrollo del siglo XX, hay una que resulta sumamente impactante tanto por el acto en sí mismo como también por la tranquilidad que demuestra su protagonista.

Nos referimos a la fotografía en la que el monje budista Thich Quang Duc aparece quemándose vivo en plena calle.

Basta con sólo dar un vistazo a la captura para rápidamente hacerse varias preguntas. ¿Qué llevó al monje a cometer tal acto? ¿En qué contexto se desarrolló la escena? ¿Cómo fue capaz de soportar tales quemaduras sin mostrar el mas mínimo gesto de dolor?

Para comprender cómo se desencadenaron los hechos, debemos situarnos en mayo de 1963.

Tal como recoge un artículo de la revista Time, en aquel entonces Vietnam era gobernado por el presidente Ngô Đình Diệm, quien era miembro de la minoría católica, en un país en donde cerca del 90% de la población era budista.

La situación se volvió sumamente tensa luego que el mandatario impulsara reformas que fueron acusadas de favorecer abiertamente a los católicos tanto en los servicios públicos como militares.

Un ejemplo de esto fue que los católicos no eran sometidos a los trabajos forzados que sí realizaba el resto de la población. No sólo, sino que también recibían enormes partes de la ayuda humanitaria que llegaba al país.

Todo se agudizaría en mayo de aquel año cuando se prohibió izar la bandera budista en el Vesak, la celebración más importante del budismo en la que recuerdan y honran a Siddhartha Gautamá.

Esto se convirtió en una verdadera ofensa, especialmente debido a que en los actos públicos más importantes se izaba la bandera de la Ciudad del Vaticano.

Fue así como el 10 de junio de 1963, un representante de los budistas envió un mensaje a los corresponsales y reporteros que estaban en Vietnam, alertando sobre “algo importante” que ocurriría al día siguiente frente a la embajada de Camboya en la ciudad de Saigón

El fotógrafo Malcolm Browne en 1964 (CC) Wikimedia Commons

Debido a que el conflicto entre católicos y budistas se había agravado desde hacía varias semanas atrás, sólo unos pocos periodistas tomaron en cuenta el aviso.

El portal All thats interesting señala que uno de ellos fue Malcolm Browne, periodista y fotógrafo que en ese momento era presidente de la agencia de noticias Associated Press en Saigón.

Aquel día, Thich Quang Duc fue uno de los 350 monjes que conformaron la procesión que llegó al lugar pactado.

Estaban divididos en dos grupos, los que iban precedidos por un automóvil Austin Westminster, el que llevaba consignas tanto en vietnamita como también en inglés, reclamando contra el gobierno de Diệm. Lo que buscaban era la tan ansiada igualdad religiosa.

Luego de bajar del vehículo junto a otros dos monjes, Thich Quang Duc esperó a que uno de ellos sacara una almohada mientras que otro recogía un bidón de bencina desde el maletero.

Fue en ese momento en que se sentó sobre el cojín en posición del loto para ser rociado con el combustible, frente al impacto de quienes se encontraban presentes.

En ese preciso instante recitó las palabras “Nam Mô A Di Đà Phật” (“homenaje a Buda Amitābha”), prendió un fósforo y se lo arrojó él mismo al cuerpo. Fue así como el fuego comenzó a consumir sus prendas y su carne.

Pero junto con lo cruda que resultó ser la escena, un detalle que llamó profundamente la atención fue que el monje no demostró señas de dolor ni tampoco movió un sólo músculo.

Luego de unos 10 minutos, el cuerpo cayó por sobre su espalda. El resto de los budistas finalmente lo cubrieron con una manta.

No tardó mucho para que la imagen llegara a Estados Unidos, gracias a un pasajero encubierto que sacó del país de manera secreta el rollo fotográfico. Un día después la terrible muerte de Thich Quang Duc fue portada de los principales medios del mundo.

Tras ser llevado a una pagoda, el 19 de junio sus restos fueron trasladado a un cementerio ubicado a 16 kilómetros de Saigón, en donde fue cremado.

Sin embargo, y a pesar de la cremación, su corazón fue considerado como sagrado y guardado en un cáliz de vidrio.

De esta manera, el monje pasó a ser reverenciado como un Bodhisattva, término budista que alude a una persona embarcada en el camino del Buda de manera importante.

Cabe señalar que esta ola de suicidios de los monjes budistas registrada a comienzo de los años 60 dio origen a la expresión “quemarse a lo bonzo”.

“Antes de cerrar los ojos y dirigirme hacia la figura de Buda, suplico respetuosamente al presidente Ngô Đình Diệm que tenga compasión de los habitantes de la nación y que desarrolle una igualdad religiosa que mantenga la fuerza de la patria para siempre. Llamo a los venerables, reverendos, miembros de la sangha y predicadores budistas para que se organicen y hagan sacrificios con el objetivo de proteger el budismo”, escribió Thich Quang Duc antes de morir.

Fuente: Biobiochile
Publicado por: Camilo Suazo

miércoles, 30 de mayo de 2018

POMPEYA NOS MUESTRA SU TRAGEDIA POCO A POCO


DESCUBREN ESQUELETO DECAPITADO DE UN HOMBRE QUE ESCAPABA DE LA EXPLOSIÓN DEL VESUBIO

A pesar de que la explosión del monte Vesubio en Italia ocurrió en el año 79 después de Cristo, el antiguo sitio de los hechos todavía esconde secretos que impresionan a los arqueólogos hasta el día de hoy.

Entre estos se encuentra el esqueleto recientemente descubierto de quien se piensa fue el “último fugitivo” del Vesubio, un hombre que en su apuro para intentar escapar de la explosión volcánica que venía, sufrió un duro golpe causado por una roca lanzada por la explosión, decapitándolo de manera instantánea, como recoge el medio ABC España

El estudio del esqueleto, el cual fue encontrado durante esta semana debajo de una roca de más de 300 kilogramos de peso, reveló su sexo, su edad -la cual fue estimada en unos 35 años- y una infección ósea en su pierna, lo cual según los investigadores, podría ser la razón por la cual el hombre no logró escapar a tiempo de la ciudad.

Las observaciones del equipo revelaron que el hombre en cuestión habría logrado ser una de las pocas personas que sobrevivió a las primeras fases de la explosión del Vesubio.

Los investigadores trabajan bajo la idea de que este hombre decidió no escapar durante la primera fase del evento, por una razón desconocida, sin embargo mientras la explosión del Vesubio evolucionaba, se dio cuenta de que había cometido un error.

Al intentar escapar, la infección que sufría en su pie debió haber evitado que corriera muy lejos debido al dolor que esta le causaba, logrando llegar a un punto alejado del centro de la ciudad, pero que todavía se encontraba bajo el área de efecto del volcán.

El descubrimiento de su esqueleto es importante por múltiples razones, principalmente para comparar sus lesiones y condición con las de otros cuerpos encontrados y entender los patrones de escape de la población del área, la cual todavía está siendo excavada.

Recientemente, se han encontrado tres nuevos edificios que anteriormente no habían sido explorados, así como los esqueletos de un caballo y un pequeño niño de edad desconocida, que parece haber intentado bloquear la explosión con algún objeto enfrente suyo.

La investigación todavía está en curso, pero esta nueva área ya ha entregado una gran cantidad de información sobre lo que ocurrió con los habitantes de la ciudad de Pompeya.  

Biobiochile.
Publicado por: Jaime Parra



lunes, 28 de mayo de 2018

RESTOS ÓSEOS DESVELAN UNA MISTERIOSA Y VIOLENTA BATALLA DE HACE 2 MIL AÑOS

FEROCES COMBATES HACE 2000 AÑOS 

Se desconocen detalles sobre el feroz conflicto, aunque muchos de los miles de huesos encontrados mostraron vestigios de un extraño ritual realizado tras el enfrentamiento.

Miles de fragmentos óseos de hombres y jóvenes muertos en feroces combates hace 2.000 años fueron hallados en un yacimiento de turba de Dinamarca, proporcionando nuevas evidencias sobre los modos y costumbres de guerra de los pueblos germánicos de entonces, percibidos como “bárbaros” por los romanos.

No hay ningún documento escrito de esa batalla y se ignora dónde tuvo lugar. Los expertos, que publicaron los resultados de sus investigaciones el lunes en la revista científica estadounidense “Proceedings of the National Academy of Sciences”  (PNAS), desenterraron en una zona de praderas húmedas y de lagos de 75 hectáreas gran cantidad de huesos de hombres que visiblemente murieron de forma violenta y que fueron arrojados a la turbera al cabo de varios meses, algunos de ellos convertidos en trofeos.

Cuatro pelvis, por ejemplo, fueron halladas ensartadas en un palo de madera, en lo que parece sugerir un misterioso ritual posbatalla.

Huesos de al menos 82 personas fueron identificados en Alken Enge, en la península danesa de Jutland, en campañas arqueológicas efectuadas de 2009 a 2014.

Es el descubrimiento más antiguo de “un gran contingente de combatientes de un ejército vencido en el primer siglo de nuestra era”, anunciaron los investigadores.

Excepcionalmente bien conservados

“Los huesos están excepcionalmente bien conservados”, dijo Mette Løvschal, del departamento de arqueología de la Universidad de Aarhus.

“Vemos cosas que no se ven normalmente, como marcas de mordeduras de animales o marcas de golpes de arma blanca. Es muy poco habitual”, señaló la investigadora.

Los arqueólogos encontraron más de 2.300 restos óseos enterrados en la turba -una especie de carbón- y en los sedimentos del lago que, según dataciones del carbono, serían de entre el año 2 antes de Cristo y el año 54 de nuestra era.

En aquella época, los ejércitos romanos estaban invadiendo el norte de Europa, y en el año 7 sufrieron una grave derrota en la que miles de soldados murieron a manos de las tribus germánicas.

“En los años siguientes, los romanos lanzaron incursiones militares en Germania para castigar a los bárbaros tras esa enorme derrota”, explica Mette Løvschal.

“Creemos que los restos descubiertos son el resultado de una de esas expediciones de castigo”.

Festín para los lobos

Los huesos parecen proceder de una población relativamente heterogénea, explica la investigadora, ya que algunos de ellos tienen entre 13 y 14 años, mientras otros tendrían entre 40 y 60 años en el momento de su muerte. Se estima que unos 380 hombres murieron en combate en aquel lugar.

“No parece que tuvieran muchos traumatismos que hubieran sido tratados anteriormente”, señala Mette Løvschal. “Es posible que no tuvieran experiencia previa de combate”.

Sus huesos proporcionan información sobre cómo se realizaban las luchas cuerpo a cuerpo: los golpes de arma están principalmente en su lado derecho y las heridas rara vez se encuentran en el centro del cuerpo, quizás porque los guerreros llevaban un escudo en su brazo izquierdo.

Las marcas de mordeduras de lobos y de hienas en los huesos sugieren que los cadáveres permanecieron entre seis y doce meses en el campo de batalla -que todavía no ha sido hallado-, y parece que luego fueron arrojados al yacimiento de turba, después de ser desprovistos de sus efectos personales.

Preguntas que se abren

La reconstrucción de los acontecimientos que presentan los investigadores es forzosamente parcial y aun quedan muchas preguntas por responder. ¿Quienes combatieron exactamente aquel díaâ ¿Se trataba verdaderamente de una expedición de castigo romana? ¿O era un conflicto entre dos tribus locales?

Y ¿qué sentido tienen esas pelvis ensartadas en un palo de madera?

“Esas cuatro pelvis en un palo podrían tener una connotación de humillación sexual”, sugiere Mette Løvschal. “También hay un lado muy agresivo. Es muy difícil saber quién la hizo”.

Los arqueólogos han descubierto además un cambio revelador en la geografía de la zona tras el enfrentamiento: durante mucho tiempo el lugar fue una pradera pastoral cubierta por tierras de cultivo, bosques y campos, pero en los 800 años que siguieron a la batalla, cambió dramáticamente y se convirtió en un paisaje boscoso de gran densidad.

“Eso sugiere que ese evento tuvo un gran impacto en la gente que vivía ahí”, precisa la experta. “Fue un trauma de gran magnitud para la comunidad  Fuente: La Tercera

sábado, 26 de mayo de 2018

1960: MEGATERREMOTO EN CHILE

A 58 AÑOS DEL MEGA-TERREMOTO QUE AZOTO CHILE

El terremoto más intenso registrado hasta la fecha golpeó a Chile el 22 de mayo de 1960, ocurrió a las 15,11 minutos de la tarde y tuvo una magnitud de 9.5 grados en la escala Richter y según datos registrados en crónicas de la época tuvo una duración de casi 13 minutos.

Esta considerado el terremoto de más alta intensidad del mundo, percibido en todo el cono sur de América.

Murieron 1.655 personas, y 3.000 resultaron heridas, y 2.000.000 perdieron sus hogares. El tsunami que se generó tras el seísmo provocó daños graves en Hawai, Japón, Nueva Zelanda, Filipinas y Estados Unidos.

El tsunami en Chile que acompaño a este gran terremoto trajo consigo olas de casi 30 metros que arrasaron con todo lo  encontrado a su paso y penetro dos kilómetros en terrenos de la ciudad de Valdivia, quedando esta ciudad en gran parte bajo el agua.  Muchas muertes de personas fueron causada   al recogerse el agua pues la población no alcanzó a huir a los cerros cercanos,  también hubo muertes por paros cardíacos, y bastantes desaparecidos pues la tierra tuvo grietas en el suelo de metros en forma sorpresiva que luego se encogían.

Una situación tan dantesca causa las reacciones más inverosímiles de los seres humanos. Desde personas confesando sus pecados hincados en la calle a viva voz hasta situaciones incomprensibles cuando vuelve la tensa calma, … calma… con sus colores extraños en los cielos, explosiones atmosféricas, y una cantidad de seísmos menores que acompañaron durante días esta trágica manifestación de la naturaleza.

Un dato que ha sido muy poco divulgado de los acontecimientos del mega terremoto que comentamos es el que respecta a la reacción de los indígenas de la zona.

La machi Juana Namuncura, quien – tras la revelación de un sueño - anunció que para restablecer el equilibrio de la Tierra había que sacrificar a un niño de seis años que no contara con el cuidado de sus padres. Así se determinó el destino de José Painecur, un muchacho criado por su abuelo porque su madre trabajaba de nana en la capital y de su padre, poco o nada se sabía.

Sobre cómo se llevó a cabo el sacrificio, las versiones varían, y hoy este episodio se difumina entre las especulaciones y la realidad. En lo que todos coinciden - eso sí -  es que los restos del muchacho nunca se encontraron y que – ¿casualmente? – la última réplica del terremoto finalizó a las 01:55 de la madrugada del 5 de junio, sólo seis horas después del inicio de la ceremonia del sacrificio. Cuando la tierra se paró, en ese momento llegó el silencio.

Una especie de pacto implícito de la comunidad para olvidar, esconder o –simplemente– resguardarse de los juicios.

El tabú se empezó a romper un par de meses después, con el aterrizaje en la zona de dos antropólogos de la Universidad de Chile que sospechaban que podría haberse practicado un sacrificio humano en aquellas partes. Sus entrevistas e investigaciones llegaron a las autoridades y dieron paso a varios allanamientos y a la detención de la machi Juana Namuncura, el abuelo de José Painecur y otros tres hombres a quienes acusaron de homicidio.

La historia del sacrificio del niño  fue duramente cuestionada tanto por el Estado, que criminalizó los hechos, como por la sociedad chilena, especialmente la prensa escrita de la época. Su juicio valórico y moral se contrapuso a la cosmovisión y memoria ancestrales. Una tensión aún no resuelta que llega hasta la actualidad. Al final los tribunales dictaminaron que los involucrados en los hechos habían “actuado sin libre voluntad, impulsados por una fuerza física irresistible, de usanza ancestral”, y recurrieron al artículo 10, nº 9 del Código Penal chileno que establece que “quedan exentos de responsabilidad penal el que obra violentado por una fuerza irresistible o impulsado por un miedo insuperable”.

Esta acción desesperada de parte del mundo indígena ante la furia de la naturaleza nunca ha sido bien aclarada, y es muy poco comentado este suceso del sacrificio de un niño para calmar a la Madre Tierra por parte de los mapuches y quedo este episodio para  la historia.

Por último el epicentro del megaterremoto de 1960 se localizó en las cercanías de Lumaco, provincia de Malleco, Región de la Araucanía, y desde aquel año Chile comenzó a realizar una fuerte incrementación a una cultura sísmica que hoy en día se ve reflejada en sus grandes edificios anti-sismos, arquitectos con materias a fines enseñadas en las universidades,  alertas con alarmas urbanas y rutas de escapes señaladas en las ciudades y se incrementa este tipo de enseñanza en todos los colegios del país.

Todo esto para enfrentarse a los terremotos y fuertes sismos que azotan a Chile habitualmente. La naturaleza es imprevisible no cabe duda… más en Chile.

Otros Mundos - España
Raúl Núñez
Emitido 25.05.2018



sábado, 12 de mayo de 2018

EL ÚLTIMO TESORO ARQUEOLÓGICO HALLADO EN POMPEYA


UN CABALLO ENGALANADO

Expertos indican que el caballo "debía pertenecer a la raza más noble", aunque pese a su valor sufrió el mismo destino que otros muchos equinos en el momento de la tragedia.

El último tesoro hallado en Pompeya es un caballo sepultado en unas cuadras desde la erupción que acabó con la urbe y que era “de las razas más nobles” a juzgar por los adornos de bronce de su testuz, anunciaron hoy los gestores del yacimiento.

El parque arqueológico napolitano (oeste de Italia) ha celebrado como “un descubrimiento extraordinario” los hallazgos en una villa ubicada en la zona de Civita Giuliana, en la periferia norte de Pompeya, la ciudad romana sepultada por la erupción del Vesubio del 79 d.C.

Ha sido posible adentrarse en esta distinguida finca extramuros ya que las autoridades policiales y judiciales perseguían una serie de excavaciones clandestinas emprendidas por saqueadores, que han sido localizados y denunciados.

La intervención ha permitido descubrir una serie de estancias destinadas al servicio que trabajaba en esta gran villa suburbana “conservada excepcionalmente” y que contaba con una zona residencial y otra dedicada a la producción agrícola, vinícola y ganadera.

Dentro se han localizado tres ánforas de aceite y vino -una dañada por los saqueadores-, utensilios de cocina como una sartén, parte de una cama de madera y restos de pequeños animales.

Pero también se ha podido extraer los restos de un equino del que se ha realizado un molde de yeso, el primero de un caballo encontrado en Pompeya.

Esta técnica, con la que se ha recuperado la forma de numerosos pompeyanos, consiste en rellenar con yeso el hueco que dejó la desaparición del material orgánico de un ser vivo sepultado por las
cenizas, una cámara vacía entre la materia solidificada.

El animal aparece recostado sobre el lomo izquierdo y su buena osificación es la de un ejemplar adulto, muy seguramente un caballo (equus caballus) a tenor de un análisis preliminar, en el que por sus dimensiones se descarta que pueda tratarse de un mulo o un asno.

Los expertos creen que este animal fue un ejemplar distinguido en primer lugar por su altura de metro y medio, mucho más que los caballos de la época, más pequeños que los actuales, lo que permite suponer que nació fruto de “cuidados” cruces entre especímenes.

Por otro lado, el caballo luce en la parte del cráneo adornos y pequeños ornamentos metálicos, como el bocado en hierro o partes en bronce al parecer de correas de cuero ya desaparecido, “una presencia que podría indicar el valor y rol del animal”, apuntan.

El escritor hispánico Columella, experto en agricultura, indicó en su tratado “De Re Rustica” (I d.C) que los caballos por entonces se dividían en tres tipos: nobles destinados a concursos y circos,
sementales que daban una prole noble o ejemplares vulgares.

Los expertos del yacimiento de Pompeya indican que el caballo de Cività Giuliana “debía pertenecer a la raza más noble”, a buen seguro “un animal de representación” que pese a su valor sufrió el mismo destino que otros muchos equinos en el momento de la tragedia.

El fuego, el humo tóxico y la ceniza acabaron con la vida en esta próspera urbe romana del Golfo de Nápoles pero los expertos han demostrado que, tras el desastre, se produjo “una reocupación del lugar” donde se encontraba esta villa.

Sobre ella, en una parte elevada, se ha hallado una tumba con un esqueleto en su interior y ha sido datada en una fecha “no bien precisa” por el momento, pero posterior al año de la erupción, el 79 d.C, en época imperial.

Los huesos localizados pertenecen a un robusto hombre de una edad estimada de entre 40 y 50 años cuya altura, de unos 175 centímetros a juzgar por su húmero, era “superior” a la media de entonces.

Su pelvis está prácticamente pulverizada y el cráneo ha aparecido “fuertemente dañado” presumiblemente por las libaciones que sus allegados le ofrecieron tras su muerte, descargadas al interior del sarcófago por un tubo en su parte superior aún presente.

La tarea consistirá ahora en esclarecer quién era esta persona, de la que aún poco o nada se sabe, solo que padecía una “anómala” forma dental o mordida, y que por sorpresa ha sido recuperado de la oscuridad de su tumba dos milenios después de su fallecimiento.

Una parte de la villa donde se han producido los hallazgos ya fue descubierta entre 1907 y 1908 por el marqués Giovanni Imperiali, que descubrió quince habitaciones, y todo el complejo ha sido objeto en las últimas décadas de excavaciones clandestinas.

Los descubrimientos anunciados hoy corresponden solo a dos de los cinco nuevos ambientes y, a la espera de saber qué nuevos detalles ofrecerá de la vida de aquel entonces, ya permite intuir “la peculiaridad” de este complejo que podría ser mucho más extenso de lo que se creía.   ABC