sábado, 3 de marzo de 2012

VAGANCIA DIMENSIONAL


Una historia verídica narrada por un ente etéreo

La carretera de San José de Maipo no era de las mejores en aquellos años 70. Hoy en día ha cambiado poco. Los agujeros del camino se mantienen y se renuevan constantemente. Aquel día soleado con nubes brillantes y un fondo azul calmado   nítido, no dejaban de ser aliciente para pensar en lo sucedido en aquel episodio de mi vida.

Mis estadías y visitas a estas tierras de montañas perennes eran efímeras, y la verdad poco aprovechables para el intelecto traslucido de mi alma. Mis padres desde mi niñez  tenían como costumbre estas excursiones a las periferias del Gran Santiago. Yo acudía de vez en cuando a este lugar para disfrutar del aire puro y dejar mi mente fluir para escapar de la rutina semanal de trabajo.

Es aquí precisamente donde mis cenizas, restos de mi cuerpo terrenal fueron esparcidas por mis compungidos familiares hace algún tiempo atrás. Desde entonces he visitado todas las grietas geológicas del entorno, árboles centenarios,  cimas enormes de ancestrales cerros, supuestos tesoros enterrados en el lugar y hasta he tratado de averiguar si los comentarios de extrañas luces en los cielos son invenciones de los periódicos o del alcalde para llevar turistas a la zona. Mi espíritu ha vagado desde ese día extraño, en que comprobé que no podía ponerme de pie, ni levantarme físicamente. Aquel día, sólo pude ver mi cuerpo desde una altura indefinible y recuerdo que mi cerebro tomaba la directriz de mis acciones mientras yo buscaba desesperadamente explicaciones a lo que ocurría.

Desde entonces y durante una temporada,  expresó esta palabra sin mucha convicción de la realidad, pues he perdido el concepto del tiempo terrenal que tan agobiado me llevaba. Mis perspectivas hoy en día son, tan etéreas como mi mismo aspecto, soy solo mente y pensamiento y aunque debo decir que al principio me resulto difícil de acostumbrarme, cada día me siento más cómodo en esta nueva situación.  No quiero entrar en detalles menores, pero mis necesidades biológicas, mis disputas por la ducha de la mañana, los compromisos controlados por el tiempo de llegada, etc. nada de eso me ocurre ni siquiera añoro todo aquello. Lo mencionado es para expresar que en el estado actual tengo mis ventajas.

Al principio me costó desprenderme de ciertos hábitos adquiridos en mi vida física.  Me aventuré a visitar muchos sitios que despertaban mi interés y curiosidad. Mis vecinos, reuniones de políticos, fisgonear todos mis parientes entrando en sus casa y habitaciones sin prever consecuencias de ningún tipo. Mi estado etéreo no permitía que yo fuera observado por los mortales, sólo en contadas ocasiones vi reacciones ante mi presencia, pero de  personas quizás de sensibilidades muy especiales y no me detuve a averiguarlo tampoco.

He tratado de encontrar respuestas a un sinfín de interrogantes, conseguir compañías similares a la mía, he experimentado aflorar emotividad, rabia, hambre, sed, celos prejuicios, miedos y sufrimientos, pero al parecer todo esto lo tengo totalmente desconectado de mis neuronas cerebrales. No siento nada en absoluto.

En una de estas vagancias etéreas me aproximé a mi antigua casa terrenal. Mi esposa ahora viuda, me dio la sorpresa más genuina de todos estos últimos tiempos en que yo he volado como alma en pena por los lugares que he descrito. El cambio de mi esposa ha sido rotundo. Se viste diferente, su cabello esta peinado de forma más jovial, adelgazó algunos kilos sin perder sus rollizas formas, usa coquetas faldas de color negro con medias de igual color que redondean aún más sus piernas. Todo esto la ha convertido en una de las madonna más deseadas del barrio. De una respetada, aburrida y tímida dueña de casa, paso a  ocupar la mente de varios acalorados jóvenes del barrio. Es así como una noche vi a mi esposa en brazos de un mozalbete joven que era vecino nuestro y que se caracterizaba por su timidez. El jovenzuelo tenía la mitad de los años de mi ex mujer, pero no cabía duda que el disfrute era por igual. Mi esposa que se había caracterizado por su apatía sexual conmigo y más de una vez tuve que recurrir a artilugios artificiales del placer, ahora era un volcán en erupción. Mientras miraba este laborioso encuentro entre vecinos, me di cuenta que yo no sentía nada, absolutamente nada. Se supone que estas escenas provocan excitación, pues no,  había ausencia total de rabia, ni celos, sólo la curiosidad y una necesidad tenue de reflexión estaban en mi conciencia real. Me retire avergonzado de mi mismo. Me sentía un mirón traslucido, inactivo, sin remordimiento, culpable de violar la intimidad de las personas. Desde aquel día me retire del barrio donde realice  mi vida y comencé aventurarme a otros lugares y personas más lejanas de mi entorno.

Al poco tiempo comprobé que mi socio comercial de varios años tenía doble contabilidad y había hecho una pequeña fortuna acosta de mi esfuerzo. Lo peor es que me decía que su estándar de vida, mucho mejor que él mío, provenía del negocio de su mujer y la verdad es que su esposa era una prostituta cara a clientes fijos en la Avenida Providencia de Santiago, donde acudía a visitas concertadas con adinerados señores a vender su cuerpo físico. Nunca se paso por mi mente  en mi vida terrena que la señora de mi mejor amigo, mujer flacucha, de pocos senos, pero caderuda y de un gran trasero, tuviera gracias que no toda mujer las posee. En este punto, debo decir que mi curiosidad no me llevó a observar sus encuentros con esos acaudalados señores, pues no tenía sentido averiguar sus secretos amatorios. Mencionó esto para alguna mente acalorada que esperaba alguna descripción más detallada al respecto.


En mi ruta etérea, comprobé algunas preguntas que me rondaban por la cabeza cuando existía físicamente. Es así como ediles corruptos de la Municipalidad me dejaron boquiabierto, en cambio los que parecían más corruptos resultaron ser los más correctos. Cometí varias equivocaciones al respecto, lo que sí no me equivoque, fue con el párroco de la iglesia del barrio, quien con su voluminosa barriga nunca me gusto. Creo que a este personaje yo tampoco le gustaba. Su gran influencia en los niños no me agradaba, lo sentía falso y al parecer  no fui el único que pensaba igual, pues comprobé que últimamente estaba metido en un lío con la justicia, precisamente por este interés desmesurado por los niños.


Sin embargo, en el sitio donde más me siento a gusto es en las montañas donde esparcieron mis cenizas. No se la razón de porque  me agradaba estar entre estas montañas semi nevadas y las traicioneras quebradas donde más de alguna persona se ha extraviado. Mi sensación era de plenitud y mentalmente mi estado parecía vitalizarse, más cuando sentía el ruido del viento, y aquel silencio que sólo lo interrumpía una pequeña vertiente que había en el lugar. Lo curioso de toda esta estadía es que no era un análisis del pasado vivido por mi persona, sino era la interacción de mi estado actual con la naturaleza, algo que nunca sentí cuando era de carne y hueso.

Es precisamente en estos lugares bucólicos que ocurrió un hecho que fui testigo desde mi estado casi ausente, y peor aún, transparente físicamente. Este acontecimiento me hizo reflexionar mucho más sobre mi situación actual, y pensar en los caminos que en un futuro yo podría aún experimentar. Siempre sentí una sensación de estado transitorio, de paz y quietud pero de espera de algo que no se explicar con palabras….

Es así como en una zona totalmente despoblada, y con más de un centenar de kilómetros sin seres humanos ni viviendas ocupadas, fui testigo de un hecho muy extraño. Avalo esta situación pues tenía muy explorado este lugar a lo largo y ancho. Trataré de resumirlo de lo mejor manera.

En un momento de mi estado contemplativo, divisé las figuras de tres personas de contextura fuertes, abrigadas con ropa gruesa e implementos de trabajos que sugerían  a todas luces ser geólogos o tasadores de carreteras por construir… Su desplazamiento era lento y estudiaban el terreno y anotaban en unos grandes cuadernos algunos datos. Me aproximé muy cerca de ellos… ignoraron totalmente mi presencia etérea.

Conversaban animadamente. Comentaban en encontrar un refugio para la noche, pues estaban atrasados en su retorno… sin aviso previo y como salida de la nada aprecié una ruinosa choza que adquiría formas a la derecha de estas personas… La descripción de ruinosa es insuficiente,  solamente ramas hacían de techo y se notaba un descuido total y de no tener habitantes hace muchos años… Los trabajadores al ver esta choza de inmediato se dirigieron a esta, comentando su extrañeza  por no estar registrada en sus mapas de catastros habitacionales, pero así y todo, se dirigiendo raudos a pedir una taza de café o alguna ayuda quizás para pasar la noche y no hacerlo a la intemperie.

En esta parte debo decir que mis sentidos se agudizaron pues todo el ruido exterior que tanto me gustaba escuchar de la naturaleza se había paralizado, lo noté en forma inmediata, aunque seguí a los trabajadores mientras se aproximaban a la choza ruinosa. La sorpresa fue que sorpresivamente en su derruida puerta apareció una anciana muy arrugada, y cuya descripción se asemejaba más a lo que los niños entienden por una bruja en sus cuentos infantiles. Esta mujer era de una estura de casi 1,20, muy delgada, rostro alargado, pelo negro desordenado, piel morena no negra, nariz grande “ganchuda”, las orejas las cubría su pelo suelto, sus ojos me llamaron la atención, eran azules fuertes, muy intensos. Su ropaje consistía en una especie de túnica o vestido negro largo, sin costuras ni botones, mangas anchas. El género o tela que componía esta túnica era totalmente liso, demasiado, además emitía cierto ruido metálico.

Los trabajadores curiosamente no mostraron ningún tipo de temor, y le pidieron agua caliente. En ese momento yo noté que el desplazamiento de esta anciana no era normal, no caminaba, se desplazaba como si fuera por el aire y sólo se sentía un leve ruido metálico atribuido a su vestimenta tan especial. En ese momento  apareció en la puerta otra mujer, esta era de una belleza excepcional, pelo rubio hasta la cintura, tez absolutamente blanca, ojos también azules, rostro delgado orejas tapadas por su pelo, y con una vestimenta similar a la de la anciana pero de un color azul intenso. Logre apreciar sus manos blancas y sus cinco dedos, su nariz era fina y su altura era de 1,80 aproximadamente, pues el trabajador más alto del grupo le llegaba a la altura de su boca y este era de una estatura normal de 1,70.

La bellísima mujer volvió a los segundos portando una tetera, pero no la tradicional que se usa en los campos de chilenos, sino que este depósito de agua tan tradicional, ahora era de líneas rectas muy dinámicas, casi octogonal, totalmente fuera de contexto en ese lugar y además en el tiempo, pues pude apreciar que hablaban los trabajadores del próximo año nuevo y  “estas escenas estaban sucediendo en el año 1963…” Algo totalmente ilógico y fuera de lo normal, pues mi estado físico de persona humana de carne y hueso yo lo perdí a finales del año 2008. En este punto debo añadir que en mis reflexiones posteriores me di cuenta que esta enigmática tetera no tenía tizne de fuego de ningún tipo. El lugar descrito no tenía electricidad instalada, y solamente la leña y la chimenea aportaba ese calor para dormir y comer sus moradores. Sin embargo, no vi ni chimenea ni humo en el momento del encuentro descrito, lo que hace más extraño mi relato.

Mientras observaba esta curiosa situación, los trabajadores compartían una taza de café sin temor alguno a unos 10 metros de la choza, aunque sí comentaban su extrañeza ante ese lugar tan desconocido y sus habitantes tan peculiares, pero su extrañeza no les provocaba ningún tipo de curiosidad agregada, como si el ambiente estuviera controlado por algo y en un espacio determinado.

El desayuno de estos hombres duro casi media hora y las mujeres no compartieron con ellos, permanecieron dentro la choza… Al partir ellos gritaron su adiós y agradecimientos por el agua caliente y de nuevo apareció la mujer rubia en la puerta y escuche decirles:

“Que les vaya bien en su viaje… si les ocurre algo, acuérdense de mi….”

La mujer hermosa rubia volvió al interior…. Los trabajadores continuaron su viaje y extrañados comentaban este encuentro, pero vuelvo a repetir sin temor alguno.

Ante tal situación y estas mujeres tan extrañas, decidí aproximarse a la ruinosa choza y lograr saber qué había detrás de todo esto. En esos momentos sentí una especie de electricidad en aumento en mis sentidos, algo me desplazaba arriba y abajo, o por lo menos era la sensación que tenía… inconscientemente sentí que aquello era peligroso para mi estado actual. Entre estas sensaciones aprecié  una inmensa luz que envolvía el lugar del encuentro. Una luz fosforescente inundaba la aérea y poco a poco iba desapareciendo la choza y todo lo que comprendía la imagen de esta vivienda antigua y mal cuidada. A medidas que la luz disminuía y se absorbía por sí sola,  me dio la impresión  algo similar a como se observa en las pantallas de los televisores cuando se apagan, pero con mucho más lentitud, lo que hacía apreciar el fenómeno en su totalidad. Pasado un tiempo indeterminado, el paisaje circundante de nuevo volvía a su color verde habitual, con sus lindos copihues blancos típicos precordilleranos chilenos y los olores penetrantes de los árboles de la zona. Todo en ese instante volvió a la calma y tranquilidad.

Estas dos mujeres no apreciaron mi vigilancia del hecho. No acusaron signo de mi presencia bajo ningún aspecto, pero mi pregunta es ¿Quiénes eran? No eran normales de eso estoy seguro.

Uno de los protagonistas de este caso, topógrafo de profesión, volvió al lugar de este suceso a los años después, y no había nada de la choza. Sus averiguaciones posteriores lo llevaron a investigar este asunto junto con sus dos acompañantes, pues una vez pasaron los días de este extraño encuentro los tres trabajadores comenzaron a despertar de su letargo y sí fueron mostrando cada vez más curiosidad extrema por lo sucedido y vivido por ellos.

El resultado de todo esto, es que uno de ellos comenzó a tener extraños sueños con estas mujeres y se obsesionó a grado tan con la experiencia que terminó de orates. Los otros dos han mantenido este suceso en absoluto secreto…. ¿Y yo?

Yo sin querer fui testigo también de este encuentro. Estas extrañas mujeres eran como actores trasplantados, incorporados en una escena donde había mezcla de objetos modernos y antiguos. Sus ropajes y el utensilio doméstico de la tetera eran de líneas modernísimas, no encajaban en aquel escenario que yo observaba. Mi obsesión comenzó a pensar que habían otras personas en otros planos que no me veían, o que quizás alguien los hacía viajar en el tiempo para estos encuentros ocasionales con los humanos… ¿Quiénes eran ellos?  ¿Cuál es el fin de sus representaciones? ¿Quién manipula todo esto?

Debo confesar que en mi estado actual no encontré respuesta a lo sucedido, pero sí me hizo reflexionar mucho sobre estos hilos que mueven alguna dimensión desconocida

¿Dónde estaría yo localizado? ¿Sería mi estado actual, bueno o malo?

La sensación de estar en un estado de transición, nuevamente comenzó a invadirme y volví a recorrer cerros, cascadas, y quebradas escondidas en la pre cordillera chilena…. Volví a sentirme pleno, vital y radiante… diría yo.

En ese estado de letargo bucólico estaba un día cualquiera, cuando delante de mí aprecié una gran galería iluminada. Era hermosa, quise explorarla, me adentre en ella, me deslicé por esta sintiendo un estado de tranquilidad profundo, cautivante, embriagador. Entre mis sentidos aprecié una luz brillante al final de este túnel, no era fosforescente como la vi en la desaparición de aquellas mujeres extrañas, esta era una luz envolvente y placentera, que invitaba a entrar y pasar quizás donde… No deseaba volver atrás, pero pensé, no debe ser mala cosa… me entregué y……… no supe más…

Nota:

Este cuento corto es de origen verídico.  La recreación fue  a cargo de Raúl Núñez

Basado en los testimonios de Don Guido Campos Valenzuela, casado, estudios medios completos, Topógrafo del Servicio de Vialidad de Malleco.

Damos las gracias al investigador Raúl Gajardo Leopold de  Angol quien nos proporcionó los datos y testimonios de los protagonistas en un informe investigativo confeccionado por él mismo.

Se omitieron direcciones las cuales también están en nuestro poder. 

Fuente original: NOUFA Nº 0 (2ª Etapa) 




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